A la distancia resulta difícil explicar el intento de copamiento del Cuartel de La Tablada, en La Matanza, una agobiante madrugada del verano de 1989. En el abismo del estallido social de la hiperinflación, la agitación social iba en aumento, un gobierno democrático a la deriva vaciado de poder, pero nada hacía preveer un golpe militar pese a las dos intentonas del año anterior. Uno de los grandes logros del radicalismo en el poder fue consolidar la democracia como un valor esencial de la sociedad. Durante años se especulará de filtraciones de inteligencia militar para detener el descontento por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y demostrar su valía, incluso existe la versión de una interna dentro del mismo radicalismo y la omnipresente Junta Coordinadora Nacional. 

Los terroristas están libres: a 34 años del copamiento del Regimiento de La Tablada, sin justicia

En todo caso, la evaluación de los altos cuadros del Movimiento Todos Por la Patria (MTP), varios de ellos altamente calificados en la guerrilla urbana y el análisis político como Enrique Gorriarán Merlo, era de un “inminente golpe” y de “tomar las armas para marcar el camino de la insurrección popular que defienda la democracia popular 29 guerrilleros muertos -varios con escasa instrucción militar-, 4 desaparecidos en plena democracia, y 11 bajas de fuerzas de seguridad y militares -un par muertos por fuego amigo de los fuerzas de seguridad…el comisario Pirker dijo palabras más, palabras menos, “con un par de gases lacrimógenos, y no con 3 mil soldados, terminaba todo en medio día”- convirtió al 23 y 24 de enero de 1989 en la última batalla de la guerrilla argentina.

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Gorriarán Merlo, El Pelado, no era ningún improvisado. Había participado en los setenta del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), junto a Mario Roberto Santucho, y con mano de plomo dirigió en la fuga de la cárcel de Rawson, junto a otros dirigentes guerrilleros del ERP y Montoneros, y el sangriento ataque al Regimiento 10 de Azul en Buenos Aires. Con el golpe militar de 1976 consigue llegar a Nicaragua, donde se transforma en un dirigente del regimen sandinista, y  ejecuta el asesinato de Anastasio TachitoSomoza, ex dictador nicagüense, en una emboscada en Asunción del Paraguay, donde estaba refugiado por el dictador Stroessner. En 1983 en Managua lanza la revistaEntre Todos”, dirigida por Carlos Alberto Burgos y su esposa Martha Fernández, que comienza a aglutinar a los militantes del radicalismo, la izquierda, el peronismo y el Partido Intransigente con intereses de defender y apuntalarel campo popular”. 

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Unos años después llegaría la intención de asentar un movimiento en el país, Movimiento Todos Por la Patria, con pretensiones eleccionarias, de magros resultados, y con sedes en distintos puntos del país coordinadas por el abogado Jorge Baños y el fray Antonio Puigjané, en especial en el Noroeste argentino revitilizando el área de influencia del ERP. La organización estaba financiada desde Nicaragua, con miras de extender el socialismo en la región, y también integraba el plan el sostenimiento de medios, como el naciente diario Página/12. Justamente en este diario, pieza clave de la renovación periodística de los ochenta, entre diciembre y enero Burgos y Baños denunciaban un pacto peronista-sindical-militar, el futuro presidente Menem, el militar sedicioso Seineldín y el gremialista Miguelbajo el título “Los militares se preparan para salir de nuevo” Eso fue el 17 de enero de 1989.  A los cinco días un camión de Coca Cola embestía la entrada principal del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, en el cruce de la avenida Crovara y el Camino de Cintura, en La Matanza.

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El último combate de la guerrilla argentina

Joaquín Ramos, uno de los miembros del MTP que entró al cuartel de La Tablada, en el documental Tablada, el final de los '70  confiesa, “Viéndolo desde ahora me parece que teníamos un concepto medio naif de la revolución... Charlábamos en el MTP que la táctica de guerra popular y prolongada que tenían los grupos armados, de hacer una guerrilla que esté años luchando, era como que en Argentina no iba a ningún lado. Siempre se hablaba más de una revolución insurreccional, más al estilo iraní. Después estudiando, en la cárcel tenés mucho tiempo, te das cuenta que las insurrecciones no se hacen así: “vamos hacer una insurrección” y la gente sale. Una insurrección también necesita trabajo, una organización, una planificación, una estructura, que nosotros no teníamos. Pero todo eso no lo pensaba, no lo sentía. A mi me decían que la gente estaba con mucha bronca con Alfonsín y con mucha bronca con los milicos… y pensaba que con eso alcanzaba. Por eso te digo que es medio naif la idea. 

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Que si nosotros generábamos la famosa chispa que incendia la pradera, si nosotros generábamos un catalizador que podía ser la toma del cuartel de La Tablada o la resistencia armada en el caso de que los milicos salieran, como que íbamos a desencadenar la fuerza del pueblo que estaba como dormida, o agazapada si querés, esperando como una señal —si, es medio naif todo—, como alguien que les dijera para dónde sacar toda esa bronca” Y si tenemos en cuenta la realidad, fatalmente naif. No era muy difícil de preveer para estos hombres experimentados rodeados de jóvenes idealistas y provistos con herrumbradas armas enterradas desde 1981 en Jujuy, sin entrenamiento, que el objetivo de copar las cinco unidades y llegar a bordo de tanques, que sólo un par sabía manejar,  a la Plaza de Mayo, era más que una quimera, un suicidio. Por ejemplo dos pelotones enteros de guerrilleros fueron contenidos, y diezmados, por dos francotiradores. La plana mayor monitereaba desde una estación de servicio, entre ellos Gorriarán Merlo, algo que enseguida quedó deshabilitado por la interferencia electrónica de un solo avión militar que seguía las órdenes del general Alfredo Arrillaga, imputado luego en crímenes de lesa humanidad en Mar del Plata.

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Según la declaración de los sobrevivientes a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), los asaltantes de La Tablada informaron su rendición alzando banderas blancas a las 9 de la mañana del 23 de enero. Nadie las vio o nadie quiso verlas. Arrillaga aclaró que no tenía un megáfono para iniciar la rendición pacífica. Un fuego a mansalva incendiaba los casinos donde se parapetaron los guerrilleros con rehenes, que de los 46 miembros originales del copamiento estaban reducidos a 24 hacia el mediodía, entre los muertos los líderes Burgos y Baños. A la mañana siguiente, con la inminente llegada del presidente Alfonsín, Arrillaga consigue un megáfono y salen esposados los insurrectos en fila india, 14 hombres y dos mujeres, y enfilan al casino de oficiales. Francisco Provenzano, el “Pancho” buscado ansiosamente por los militares entre quienes se rindieron, y Carlos Samojedny, viejo militante del ERP, permanecen hoy detenidos-desaparecidos; al igual que Iván Ruiz y José Alejandro Díaz, que se entregaron el día anterior, y quedaron registrados en la lente del fotoperiodista Eduardo Longoni. El fiscal Nisman validó las versiones de los militares que los guerrilleros desaparecidos se habían fugado al exterior como Gorriarán Merlo.

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Fuentes: serargentino.com, lamovidaplatense.com.ar, noticiasensenada.info, primerapagina.info y visionpolitica.info