Alberto Fernández puso el atentado contra Cristina Kirchner en el centro de su discurso ante la Asamblea General de la ONU. Lo comparó con “magnicidios” que generaron tragedias, lo atribuyó a la “violencia fascista que se disfraza de republicanismo” y que se ejecutó con la intención de “erosionar” la continuidad democrática.

En una intervención de 15 minutos, el Presidente enfocó su planteo sobre la violencia política. En el cierre, advirtió que el mundo “está en riesgo” y que la ONU, organización que reúne a más de 180 países, es el ámbito donde se debe actuar. Hizo, además, un link entre la pandemia, la desigualdad y la proliferación de los discursos de odio.

Agradeció, para reforzar ese foco, los mensajes de “solidaridad que la Argentina ha recibido del mundo entero por el intento de magnicidio perpetrado contra nuestra Vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner”.

En paralelo, Fernández reforzó las deudas históricas sobre Malvinas, con un renovado pedido al Reino Unido de abrir las negociaciones, el repudio al terrorismo con menciones a los atentados a la embajada y la AMIA, y un reclamo para cesar las hostilidades en Ucrania tras, dijo, “el avance de la Federación rusa en territorio ucraniano”.

Además, el Presidente cuestionó las sanciones “unilaterales” y sumó a la Argentina “al reclamo de los pueblos de Cuba y Venezuela para que se levanten los bloqueos que esas naciones padecen”. 

El martes por la mañana, en la habitación del Hyatt Park donde está alojado, Fernández le dio los toques finales a un discurso que empezó a armar en Buenos Aires y redondeó, ya en Nueva York, con aportes del canciller Santiago Cafiero y el embajador argentino en Washington, Jorge Argüello.

“Los magnicidios han sido prólogos de grandes tragedias. Fundados en el rechazo o el odio hacia las víctimas, quienes perpetraron semejantes acciones quebrantaron la paz pública y abrieron las puertas a enormes disputas sociales. Pueblos enteros sucumbieron detrás de esos profetas del odio”, aseguró.

De arranque apuntó a la gravedad del hecho y sus intenciones. “El intento de asesinar a la Vicepresidenta no solo afectó la tranquilidad pública. También buscó alterar una virtuosa construcción colectiva que el año entrante cumplirá cuatro décadas de vida”, señaló.

“Los argentinos construimos el acuerdo del ”Nunca Más“ al terrorismo de Estado y a la violencia política. Valoramos la democracia como un modelo de desarrollo social que exige respetar al otro en la diversidad. Estoy seguro de que la violencia fascista que se disfraza de republicanismo no conseguirá cambiar ese amplio consenso al que adhiere la inmensa mayoría de la sociedad argentina”, apuntó en uno de los tramos de más dureza.

Con o sin intención, Fernández bordeó una imputación porque el “republicanismo” tiene, en el ecosistema político argentino, una identidad partidaria clara: sectores de Juntos por el Cambio (JxC), en particular el PRO de Mauricio Macri.

“La Argentina condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones. Deben ser combatidos en el marco del estado de derecho y del pleno respeto al derecho internacional. Seguimos luchando contra la impunidad, investigando los atentados que sufrimos en 1992 a la Embajada de Israel y en 1994 a la sede de la AMIA, que se cobraron la vida de 107 personas y cientos de heridos. Queremos que los responsables de tan atroces ataques sean identificados, juzgados y eventualmente condenados”.

“Una vez más, instamos a la República Islámica de Irán a que coopere con las autoridades judiciales argentinas para avanzar en la investigación del atentado contra la AMIA. También instamos a la comunidad internacional, a que nos acompañen en nuestra lucha evitando recibir o cobijar a cualquiera de los imputados aun cuando gocen de inmunidad diplomática. Debemos recordar que sobre ellos pesan solicitudes de captura internacional y alertas rojas de Interpol”.

Fernández también cumplió con el compromiso de todos los presidentes argentinos que exponer el reclamo histórico por Malvinas ante la Asamblea General. Renovó además el pedido a Londres a buscar una solución negociada al conflicto.

Profe por un rato: en el atril de la ONU y con tono académico, Alberto buscó dejar conformes a todos, (como siempre)

“Quiero reafirmar los legítimos e imprescriptibles derechos de soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Forman parte del territorio nacional argentino y se encuentran ocupados ilegalmente por el Reino Unido desde hace ya casi 190 años. El pedido formulado a través de la resolución 2065 del año 1965 se ha mantenido vigente y ha sido renovado en múltiples ocasiones. El Reino Unido persiste en su actitud de desoír el llamado a reanudar las negociaciones respecto de la disputa territorial. Más aún: agravó la controversia por sus llamados a la explotación ilegal de los recursos naturales renovables y no renovables en el área. La acción es contraria a la resolución 31/49 de esta Asamblea. También insiste con la injustificada y desmedida presencia militar en las Islas, que no hace más que traer tensión a una región caracterizada por ser una zona de paz y cooperación internacional”, indicó Fernández.

Y agregó: “Solicitamos al Secretario General que renueve sus esfuerzos en el cumplimiento de ese mandato y que el Reino Unido se avenga a acatar el llamado de la comunidad internacional y ponga fin a esta anacrónica situación colonial. En este contexto, deseo reiterar la plena disposición de mi país de retornar a la mesa de negociaciones y buscar una solución que permita poner fin a esta prolongada disputa de soberanía”.